24/8/14

Sueño 5. Encuentro conmigo misma

Me encontraba caminando por una avenida. Las luces de los automóviles circulaban como glóbulos rojos del cuerpo humano. Era un espectáculo magnífico. De un lado rojas, del otro blancas. Iba por un camellón ancho lleno de árboles. Las luces tenues del alumbrado público daban la sensación de estar soñando, pero yo no me percaté de eso.
De pronto llegó una chica de cabello corto, iba caminando hacia mi, pensé que seguiría de largo, pero para mi sorpresa se detuvo frente a mi. La miré extrañada, su rostro era idéntico al mio.
Ella sonreía ingenuamente. Una ligera corriente de aire movió unas hojas de fresno del camellón.
Entonces empezó a hablar:
¿Qué somos?. ¿Somos acaso una mezcla de otros?. ¿Somos lo que vemos, lo que otros quieren que seamos, o lo que nosotros deseamos?. Parece como si tomáramos aspectos, palabras, actitudes, hábitos de otras personas. Aspectos que nos agradaron alguna vez. ¿Seremos un florero vacío recogiendo flores?
¿Un estante coleccionando libros?. Somos todos tan distintos. ¿Qué es lo que debemos ser?
¿Es acaso lo que queremos ser lo que debemos ser, o al contrario? ¿Quiénes somos?
Hay algunos días en los que me siento tan ajena a mi misma. Me siento de todos menos de mi.
¿Seremos un libro acaso? Pues existen 27 letras, todas las palabras ya están dichas, lo que cuenta es la combinación entre ellas. Una simple frase: "Vamos a dormir que las estrellas brillan" Puede convertirse en un hermoso poema, en el título de un libro, en una canción. Pueden haberla pronunciado millones de personas. Pero en el poema, en la canción, en el libro tienen algo especial que la hace distinta. ¿Seremos así?
Vamos por ahí probando cosas, viviendo, juntando experiencias. Algunas nos agradan, otras no.
No puede haber dos personas exactamente iguales. Lo que somos es el conjunto de nuestras virtudes, defectos, vivencias, traumas... todo.
Somos como una esponja absorbiendo datos de la vida que procesamos a nuestra manera.
Puedes ser como tú quieras. Siente. Vive. Sé.
Toma lo que te guste, desecha lo que te desagrade. Comparte tu mundo con los demás y deja que los demás te muestren el suyo.
Y como dice Borges: No hay dos libros iguales en esta Biblioteca.

19/8/14

Sueño 4. Detrás del cristal

¿Has visto alguna vez el cielo estrellado lleno de nebulosas en tonos morados, rosas y azules? Así se veía el lugar en el que me encontraba.
Pero no. Eso no era lo más hermoso.
Era él. Sentado ahí en un asteroide mirando hacia la nada, con sus delicadas manos acariciando las plumas de su bastón.
No sé porqué había viento en el universo. Pero qué bueno que estaba ahí: sus cabellos largos ondeaban hipnotizandome con su danza.
¿Qué estará pensando?
Quisiera que volteara a verme. Quisiera tener su atención aunque sea un segundo. Sería lo más maravilloso. Siento en este momento que mi único motivo de vida es tener ese segundo. Ese instante. Y podré morir entonces. Sólo eso: una mirada.
Pero sigue ahí y suspira. Quisiera hablarle pero no me atrevo a interrumpir tanta serenidad. Parece tan sagrado su silencio, tan puro, tan inmenso, que sería casi una blasfemia. A veces pasa su mano entre sus cabellos y me evocan un río de obsidiana corriendo entre sus dedos; es un color tan negro como la noche misma. Mi más grande deseo es ser consumida por su obscuridad, perderme en ella para siempre. No me importaría no ver nunca más la luz del día. Él es poesía pura. Es una metáfora divina.

10/8/14

Sueño 3. Mirada cósmica

Me encontraba en una habitación de paredes color café. Había un estante de libros viejos y un sillón desgastado. Estaba sentada frente a un muchacho vestido de blanco, su cabello era negro y lacio, le llegaba hasta media espalda. No hacía otra cosa que mirarme en silencio mientras tomábamos café en tazas de porcelana. Era una conversación sin palabras. Del techo de la habitación, en estambres de colores, colgaban estrellas llenas de brillantina. La luz de la pequeña lámpara colocada en una esquina, era color amarillo. Parecía ser de noche, pues todo era muy silencioso. De pronto él sonrió y yo le devolví la sonrisa sonrojándome. Su mirada era muy profunda e interesante, por un instante me pareció estar mirando el universo.

5/8/14

Sueño 2. El libro de Dom

Era muy temprano, me encontraba en el callejón de una ciudad vacía. El cielo estaba nublado y el ambiente era muy silencioso. La que me acompañaba sacó un libro de su mochila, era de color tinto y negro. 
"Puedes empezar ahora.", le dije.
Nos sentamos en la barda de un barandal, y comenzó a leer. 
La primera página decía "Dom" hasta el final de la hoja. Dom, dom, dom, repetidamente.
Ella leyó todos los "Dom". Después venía un poema en prosa. Y en la tercer página, de nuevo los "Dom", Creí escuchar por un instante el sonido de un bajo al fondo de una melodía. Parecía que el poema tenía ritmo. Luego en la cuarta hoja continuaba el poema de la segunda. 
¿Porqué lees todos los Dom?, le pregunté con desesperación.
"Así tiene que leerse, sino se pierde la esencia.". Y continuó leyendo. 
Cada vez más adentro del libro iba sintiendo cómo los "Dom"se mezclaban con la prosa. ¡Qué bello era eso!, jamás había presenciado algo tan interesante: El ritmo de las palabras.

4/8/14

Sueño 1: El dragón de Elí

Cuando abrí los ojos, estaba en una enorme habitación hecha de piedra. Todo estaba oscuro y las piedras se sentían frías en mi cara. Me levanté, estaba descalza y llevaba puesto un vestido blanco hasta las rodillas. Había una tenue luz que se filtraba por la única ventana de aquella habitación. Busqué una puerta, pero fue en vano: no había más que una única ventana. Me acerqué, y lo que vi fue algo terrible pero a la vez increíblemente hermoso: era el mar que reflejaba las estrellas. Miré hacia abajo. Me encontraba a una gran altura. Quise ver qué había alrededor, pero solo veía agua por todas partes. Me senté en el borde de la ventana para poder ver el cielo, que era en verdad impresionante. De pronto una de las piedras de las que me sujetaba se desprendió e hizo que cayera al mar. Cerré los ojos y me tapé la nariz. Al caer al agua, a cierta profundidad, pude sentir en mis pies arena. Abrí los ojos. Todo era tan transparente. Parecía estar flotando en el universo. Las luces estelares se veían preciosas dentro del mar. Era tan mágico. Nadé hacia la superficie, pero antes de que la alcanzara, sentí que algo escamoso me levantó. Volteé hacia abajo. Era un enorme dragón color violeta sin alas. Su enorme cola enroscó mi cuerpo y me levantó. Mi respiración se agitó. Su cabeza se acercaba a mi cara, pensé que iba a comerme. Pero no podía escapar. "No tengas miedo", susurró una voz dulce, "Sé quién eres y cómo llegaste aquí. Yo te llevaré a tierra. Cuando lleguemos te explicaré todo. Porque estoy seguro que no recuerdas nada."

7/11/13

Sin mirar

Estaba tratando de escribir una historia cuando un ángel entró en mi habitación. No lo vi, pero lo sentí. Sabía que si me volteaba, indudablemente lo vería. Pero no tenía ganas de hacerlo, porque no soy de esas personas que se emocionan al estar cerca de las celebridades. Por lo tanto, si esa figura celestial deseaba entrar en mi habitación, por mi estaba bien, con tal de que no me interrumpiera.

Hacía frío y se escuchaba la lluvia caer. Justo en ese momento, mi mano comenzó a moverse, como si la presencia del ángel emitiera un campo de energía inspiradora. No paraba de escribir, no podía detenerme ni en los puntos.


Entretanto, empezaba a incomodarme la mirada de aquel ser sobre mi espalda. Me pregunté cuál sería el motivo de su visita. Probablemente un mensaje como:"El apocalipsis está cerca" o algo por el estilo.

Lo peor que podría pasar sería que dijera: "Ha llegado tu hora". No sé que haría. Tal vez intentaría escapar y correr lo más rápido posible. Tendría que encontrar a alguien que me ayudara.
Tal vez un señor con sombrero, barba y gabardina...

-¡¿Puede ayudarme señor?! ¡Un ángel ha vendo por mi alma!

Entonces se quitaría el sombrero y sonriendo diría mostrando sus dos enormes cuernos:
- Si no quieres ir con un ángel, puedes venir conmigo.
Entonces le daría las gracias e inmediatamente regresaría con el ángel y le diría firme y directamente:

-¿Podré terminar de escribir mi historia?

Y el me contestaría tranquilo:
-A donde vamos no lo necesitas. Todas las historias ya están escritas. 
-¿Entonces en el cielo hay muchos libros?
-Solo uno, pero contiene todas las historias del universo.

Vaya, ese sería un final demasiado perfecto.

Suspiré y dejé de escribir por un momento. Había decidido voltear a verlo.
Despacio giré mi cabeza. Su brillantez me deslumbró. Era increíblemente hermoso.
Me miró a los ojos por un instante. Rió deliciosamente meneando la cabeza. Y desapareció.