Era muy temprano, me encontraba en el callejón de una ciudad vacía. El cielo estaba nublado y el ambiente era muy silencioso. La que me acompañaba sacó un libro de su mochila, era de color tinto y negro.
"Puedes empezar ahora.", le dije.
Nos sentamos en la barda de un barandal, y comenzó a leer.
La primera página decía "Dom" hasta el final de la hoja. Dom, dom, dom, repetidamente.
Ella leyó todos los "Dom". Después venía un poema en prosa. Y en la tercer página, de nuevo los "Dom", Creí escuchar por un instante el sonido de un bajo al fondo de una melodía. Parecía que el poema tenía ritmo. Luego en la cuarta hoja continuaba el poema de la segunda.
¿Porqué lees todos los Dom?, le pregunté con desesperación.
"Así tiene que leerse, sino se pierde la esencia.". Y continuó leyendo.
Cada vez más adentro del libro iba sintiendo cómo los "Dom"se mezclaban con la prosa. ¡Qué bello era eso!, jamás había presenciado algo tan interesante: El ritmo de las palabras.
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