-Tienes que amarrarte esta cuerda y ponerte esto en la cabeza para que no escuches los ruidos de los animales. Muchos entran en pánico y caen del árbol. -Dijo mientras todos subían. Todos los árboles estaban muy rectos y ellos escogieron los más fáciles de escalar dejándome los más difíciles o los más bajos y nada seguros. No podía subir, pero tras muchos intentos y por la presión de la noche que se avecinaba, pude hacerlo y me sujeté bien para pasar la noche a salvo de los animales y de los soldados que pasaban vigilantes. Éramos fugitivos. No sabía porqué huíamos, sólo sabía que teníamos que escondernos. Al día siguiente alguien gritó: ¡Corran!
Me asusté mucho e intenté moverme, pero como es típico de los sueños, mi velocidad disminuyó considerablemente. Lo bueno que sólo era una señora que pasaba por ahí, quien nos dijo:
"Cuando regresen háganlo por este mismo camino, porque dentro del bosque es peligroso."
Ella pasaba a través de un pueblo abandonado en el cual había una iglesia en la que dormimos una noche.
Por fin después de varios días llegamos con nuestra gente. Era un pueblo pequeño, y entramos en un restaurante que tenía mesas y sillas de madera vieja. Ahí estabamos seguros. Teníamos muchos planes que hacer.
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